Un simple
Breve retrato de un héroe nacional
Estar esperando en el centro de salud con el turno TM-026 es un momento tan bueno como otro cualquiera para escribir a vuelapluma sobre Luis de la Fuente.
Cuando lo nombraron seleccionador lo juzgué solamente por su aspecto y su manera de hablar: un simple.
Y tres años después de aquello, después de que haya ganado la Nations League y la Eurocopa y el Mundial, de que haya demostrado ser un estupendo entrenador, y sobre todo un excelente padre de familia, pues su firme pero amable autoridad ha logrado la armónica unidad de un conjunto de jóvenes millonarios más o menos egocéntricos y caprichosos, después de todo eso, de que podamos decir que don Luis de la Fuente Castillo (Haro, 1961) ya es con Vicente Del Bosque el mejor entrenador de la historia del fútbol española, confirmo mi impresión inicial: es un simple.
Es eso y eso es, además, componente esencial de su éxito.
Él mismo se ha esmerado en cultivarlo, porque además de un simple hay otra característica fundamental en De la Fuente: es una persona bastante inteligente.
Dueño de sí, y conocedor de sus límites y de sus virtudes, como buen estoico y lector de Marco Aurelio que es, Luis de la Fuente, maestro, gobernador, artesano de su propia simpleza, apostó por ella como clave de bóveda de su extraordinaria obra.
Desde el principio, a la vez por naturaleza e instinto estratégico, se ha mostrado sencillo y afable a la vez que serio y determinado, un hombre hecho y derecho, un hombre perfecto, perfectamente normal, la norma del hombre español, la horma del hombre español, o, en mi figura alegórica preferida para interpretarlo, el prototipo de profesor de gimnasia de colegio español de los años noventa.
Luis de la Fuente sabe que es en esencia, arquetípicamente, un profesor de gimnasia español de los noventa y, lejos de pensar que ello pudiera restarle posibilidades al mando de una empresa tan compleja y opresiva como dirigir a una selección como España, quiso ser, y ha logrado ser, el profesor de gimnasia de toda España, de todos los españoles, aunque mucho menos de todas las españolas.
No osaré decir que De la Fuente sea machista, pero es que el profesor de gimnasia español noventero es por definición un hombre para los hombres, para los muchachos, un formador de jóvenes, una figura tutelar para chicos. Las chicas en los 90 no eran el objetivo pedagógico y humanístico del profesor de gimnasia español. Las chicas podían saltar el plínton.
Pero no, no por ello osaré decir que De la Fuente sea machista, aunque ayer en la celebración eligiese campechanamente para cantar y festejar un tema de Julio Iglesias en el mismo año en que dos empleadas de Julio Iglesias lo denunciaran por supuesta agresión sexual y Julio Iglesias negará dicha acusación y la Justicia española archivara el caso porque no era su competencia, y disculpad la larga frase pero soy periodista, y aunque amateur, es mi obligación dar toda la información.
Puede incluso que De la Fuente sea un pelín a la antigua usanza en su concepción del género y esas pamplinas, pero de lo que no hay duda es de que no es nada tonto.
Después de ver como Luis Enrique se inmolaba en su propia pira de soberbia como entrenador de La Roja, él optó por ponerse humildemente al servicio de España con el crédito que le daba ser un gran conocedor de sus categorías inferiores y con esos antebrazos hercúleos que dios le dio y con los que se podrían arar en un par de días los campos todos de su Rioja natal, amén de con ese cuello de bisonte y ese rostro de hombre decente con unas gafas de montura ligera que le dan el toque mínima y estrictamente necesario de modernidad para su histórica tarea.
Luis de la Fuente, hombre de orden, abiertamente católico, abiertamente español, decidió ser el hombre simple que España necesitaba y su triunfo es un triunfo de la voluntad y un triunfo de la inteligencia.
Los chicos, los jugadores, lo aman y viven felices en torno a él mientras disfrutan bromeando entre ellos y cantando cosas tontunas como “Cucu, Cucurella, se come una paella” o gritando “Viva el rey y viva España” como Rodri, un centrocampista soberbio, y simple como De la Fuente, pero, lástima, con menos luces que el míster.
¡Plin!
TM-026.
Su turno.


Él anoche cantando: "ser [pausa] golfo me va [risita nerviosa y dejar de cantar]"
Increíble análisis de verdad.